
Te gusta amanecer en tu propio jugo, en tu propio vómito... Te gusta meterte el dedo hasta el fondo de la boca, y tocar esa cosa pequeñita, casi insignificante, que cuelga allá atrás... Aunque, en ocasiones, te envicias tanto que ya sólo devuelves bilis. En ocasiones, ya sólo devuelves hombres y amores fallidos. En ocasiones, ya sólo devuelves todos los sueños de la infancia... Te gusta meterte el dedo y purificarte... Pero también te gusta mirar el vómito y darte cuenta que nada se resolvió... Ahora tendrás que limpiar y volver a tragar toda la mierda de la semana.


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